Todo colmillos, nada de mordidas

Guardian.co.uk trae un artículo en el que se comenta el éxito de Stephenie Meyer con su saga, Twilight.

 

Todo colmillos, nada de mordidas

Las novelas de Twilight, el best-seller de vampiros para adolescentes están captando la atención, pero realmente están disfrazadas de Mills & Boon.

La fiebre de la Fantasía-Ficción reina una vez más, y esta vez tiene colmillos. El pasado fin de semana las librerías de EE.UU. tuvieron fiestas para lanzar Breaking Dawn, el cuarto libro de la exitosa saga de Stephenie Meyer, Twilight. La saga sigue Bella, una gótica estudiante de secundaria, y su obsesión con una guapo y joven vampiro, Edward Cullen. Ya se está haciendo publicidad para la película del primer libro en diciembre, dirigida por Catherine Hardwicke, que hizo la aclamada Thirteen, que, como Twilight, mira la vida desde el punto de vista de una adolescente.
 
A primera vista es fácil ver por qué Twilight, New Moon y Eclipse, los tres primeros volúmenes de la saga de Meyer, son tan populares entre las chicas. Examinando la fascinación de Bella con Edward, afirman la existencia de la mirada femenina, los deseosos ojos que ven la belleza masculina con apreciativo placer. La historia tiene una trama en relación con la vulnerabilidad de Edward hacia diversos malos simpatizantes, pero su verdadero motor es la admiración de Bella por él. La saga, escrita en primera persona, tiene una encaprichada intensidad. Bella dice: “Yo estaba consumida por el misterio que Edward representaba. Y más que un poco obsesionada con Edward mismo”.
 
Pero la dinámica de la relación central es inquietantemente anticuada. Especialmente emocionante para Bella es la posibilidad de que en realidad Edward podría matarla si le diera acceso a su pleno potencial chupasangre en su habitación. Esto se presenta para ella con un curiosamente victoriano problema: ella puede sentir deseo, pero nunca debe actuar en consecuencia en caso de que fracase – y ella, no Edward, pague el precio. Ella toma todas las señales de él, aunque su voz sea la que narra.

Es incomprensible que en una época de relativa emancipación sexual, el sistema de Meyer haya acertado. El deseo está en todas partes, pero no hay sexo, y los personajes se ajusten al estilo de los personajes Mills & Boon. La historia se convierte en un congelado triángulo amoroso cuando Bella es también deseada por Jacob, un amigo que es un hombre lobo. Los tres personajes, dos hombres activos y una chica boba, están suspendidos en una agonía de abstinencia de lujuria. Es el crudo mecanismo de la tensión sexual sin resolver, que se ve a través de todos los libros, lo que los convierte en compulsivos. Pero para toda la pasión superficial, el mensaje subyacente advierte contra los peligros de la carne y el precio del deseo femenino.

El éxito de la serie Twilight es desconcertante porque es el más conservador ejemplo de una fantasía para jóvenes de la subcultura de vampiro y lobos adolescentes. El género del best-sellers suelen producirse porque desobedecen las normas sociales anticuadas, y no las refuerzan como hace Twilight. Consideren a las amadas autoras como Charlaine Harris, Kim Harrison, Carrie Vaughn y Karen Chance, que, al igual que Meyer, escribieron largas sagas de libros mezclando un peculiar realismo con desconocidos de múltiples razas míticas y los astutos no muertos. Lo que los distingue de Meyer es la activa e ingesiosa autoridad de sus jóvenes heroínas, la libertad de su sopor femenino. Es este agente femenino y el dinamismo, familiar para los amantes de Buffy la Cazavampiros, del que tanto carece Twilight. Estas cuatro autoras también tienen la habilidad de crear personajes masculinos que son complejos, atractivos, con defectos, y un perfecto reto para sus heroínas, sin el deprimente sadomasoquismo del romance de Edward y Bella.

Al igual que su ídolo vampiro, Meyer sigue siendo un enigma. Ella es una imaginativa narradora de historias, una prolífica autora y una nueva figura poderosa en el mercado editorial. Ella es capaz de llegar con éxito a todos los géneros y públicos, como ha demostrado su reciente y excelente novela de ciencia ficción para adultos, ‘The Host’. Pero su prestigio entre las jóvenes lectoras lo ha logrado a través de una saga que deja la capa de Drácula alrededor de los hombros de Barbara Cartland.

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